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Por: Kevin
Alexis García
Acudo al
encuentro seducido por la idea de dialogar con Diana Uribe. La
espero entre porcelanas de cristal, tapetes orientales, pinturas
de la cultura islámica, sillas de cuero y mesas con grabados
egipcios. Sale a mi encuentro, pálida y con los ojos turbios de
sueño. Mauren Neme, su anfitriona y amiga me presenta. Diana:
blanca y fina se sienta y bebe un poco de agua. Sobre sus espaldas
la panorámica de ese gigantesco animal urbano que recuerda a las
ciudades que domestica con sus labios.
Femenina e
irreverente. Luce un vestido fucsia sin mangas. Un collar atiborrado
de semillas y varias pulseras de hilo sobre sus manos le dan un
aspecto hippie. Inteligente y locuaz. Historiadora que no estudió
historia. Recibió título en Filosofía y Letras en la Universidad de
los Andes. Profesora de colegio. También de las universidades
Javeriana, de Los Andes, Externado y Jorge Tadeo Lozano. Sus labios
gruesos y carnosos han explicado desde la caída de la antigua Unión
Soviética, el conflicto en Chechenia y la guerra en Yugoslavia,
hasta el conflicto árabe - israelí desde la antigüedad.
Apasionada.
Defensora de los pueblos y su historia. De pueblos que libran
guerras. Guerras que sepultan el pasado histórico de sus sociedades.
Por eso si los noticieros cubren del medio oriente su conflicto,
Diana Uribe se siente la encargada de decir “del Medio Oriente
sólo se conoce su violencia, pero se ignora que ellos inventaron el
álgebra, la cámara oscura, los transplantes de córnea, fundaron las
primeras universidades y crearon todo un legado cultural del que
hoy disfrutamos”.
La
globalización de la historia
Su voz fluye
enérgica, pausada y clara. Sus ojos negros se iluminan como faros.
Tiene clara su misión como historiadora, durante las dos guerras
mundiales las ideologías habían polarizado las miradas del mundo y
la gente no tenía que hacer el esfuerzo de comprenderlo Pero al caer
la guerra fría surge toda una serie de conflictos, el mundo se
globaliza, las sociedades se hacen más complejas, los
acontecimientos sobrepasan la capacidad de interpretarlos y se
empiezan a necesitar explicaciones. Es allí donde la gente necesita
conocer aún más de la historia y donde el historiador entra a hacer
comprensibles las sociedades, pues esa es nuestra labor.
¿La historia
de la humanidad es la historia de las guerras entre sus pueblos?
A los
pueblos no sólo hay que conocerlos en sus miserias. Las guerras de
los pueblos son sólo una parte de la historia. Los pueblos
atraviesan períodos de conflictos, antes de construir una identidad
y formarse como estados nacionales. Irlanda y España son ejemplo de
esto. Luego de atravesar varias décadas de guerras internas,
pasaron a construir su propio cambio y ahora se han integrado a
la Unión Europea.
-¿Unión
Europea?
Es verdad
que los europeos no se quieren y sus conflictos no se han
solucionado, pero aprendieron “a posar juntos en la foto”; les
costó dos guerras mundiales y 700 años de conflictos. Hay países
rotos dentro de Europa pero aprendieron a convivir sin matarse. Los
europeos lograron entender que para que mi mundo sea posible, no
tengo que acabar con el otro. Pudieron comprender la posibilidad
que tiene una sociedad de convivir sobre la aceptación de las
diferencias con el otro, y no en ausencia de sus conflictos.
Historia de
la historiadora
Sin recurrir a
la chabacanería Diana crea comparaciones sencillas y claras que
facilitan el conocimiento de la historia. ”No conocemos las cosas
bacanas de los pueblos, mucho conocimiento se queda en el tintero”.
Condecorada en el año 2003 con el Premio Simón Bolívar de
Periodismo por mejor emisión cultural en la radio. Trabajó como
analista internacional en la cadena Radionet. Fue invitada por la
Unión Europea a presenciar la reunificación alemana. Invitada por
el gobierno brasilero y la UNESCO para estudiar “La Ruta del Oro” y
las ciudades patrimonio histórico de la humanidad. En la actualidad
adelanta en la ciudad un proyecto de turismo histórico en la que
ella viaja como guía para contextualizar la historia de los pueblos
que visita. Desde hace 7 años emite su programa “Historia del
Mundo” en la cadena Caracol de 9:30 a 10:30 a.m. Por eso dice
con propiedad y sin pedantería a la gente si le interesa el
conocimiento, de lo contrario no me estarían oyendo. El conocimiento
ha estado envuelto en el misterio y en el elitismo y la idea debe
ser masificarlo. Se puede hacer de forma sencilla y sin violentar
con el lenguaje a los oyentes.
Yo creo en
la utopía
Defensora de
la irreverencia juvenil, cuestionadora de la sociedad,
necesitamos la conciencia crítica de los jóvenes. La Nación de
Woodstock y la Construcción de una Utopía fue su tesis laureada en
Filosofía. Yo creo en la utopía, y cuando hablo de utopía, hablo
de soluciones reales. Se tiende a pensar que sólo pensando en lo
malo se es realista, pero uno tiene que pensar que hay salidas y
soluciones a los problemas. Si a usted lo educan para no pensar que
hay una salida posible en su tiempo de vida en la sociedad donde
usted nació, entonces usted pide que “le devuelvan la factura”.
La
construcción de un estado nacional
Trabaja sobre
distancias de tiempo y espacio. Su sueño es masificar el
conocimiento porque un pueblo que conoce su pasado puede
transformar su presente, y para eso este país necesita todos los
historiadores que se le puedan aparecer porque pide un poder de
interpretación altísimo, necesitamos que cada ciudadano se piense
este país”.
-¿Qué ha
aprendido acerca del caudillismo?
Hay hombres
que son un pueblo pero los pueblos ya no pueden tener superhéroes,
tienen que aprender a gobernarse de una manera diferente. Quienes
transforman los países son las sociedades mismas.
-¿Qué opina de
nuestra identidad nacional?
“la gente
no sabe aún que es ser colombiano. Aún no tenemos una identidad
nacional, en cambio tenemos identidades regionales muy fuertes. La
suma de las identidades nacionales tiene que producir una identidad
nacional que reconozca todas esas diferencias como parte de un
mismo todo que constituimos”. |