| |
Hay una sustancia
que los adictos a la marihuana y la cocaína temen y respetan: la
heroína. Es la “full destructiva” y en los últimos meses
cinco jóvenes han muerto en Cali por su consumo, mientras otros seis
han sido hospitalizados con intoxicaciones severas. Orígenes,
efectos y consecuencias de la “muerte blanca”.
Por: Kevin Alexis
García*
En el norte de la ciudad, a un lado de la Avenida
Colombia, donde una caravana de carros y buses frenéticos se
desbordan hacia la calle Quinta, con estudiantes, obreros y
ejecutivos deambulando a diario hacia sus trabajos, hay un espacio
para el escape, el relax y la imaginación. Una zona de tolerancia
cultural y sicótica. Entre la música y los porros que se
mueven en la noche como luciérnagas, aparecen las jeringas de la “muerte
blanca”. Allí la reflexión de Parménides sobre si la felicidad
suprema del ser humano está en el peso o en la levedad ya fue
resuelta. El peso, en la imagen de Hércules cargando victorioso el
mundo sobre su espalda, frente a la levedad, representada por Ícaro
elevándose con sus alas sobre el firmamento. Esta última parece ser
la elección de los adictos que encuentran en los sicoactivos una
agudización de la mente, hipersensibilidad de los sentidos,
desinhibición y alucinaciones mentales. Cada sustancia produce
consecuencias físicas, sociales y psicológicas, pero hay una que los
adictos a la marihuana temen y respetan: la heroína. Su consumo no
se distingue con un lugar específico y quienes la han probado la
definen como la “full destructiva”.
El heroinómano disuelve un gramo de la droga en un
poco de agua, aprieta con un cinturón el músculo bícep de su brazo,
lo presiona hasta que más abajo una vena verde empieza a insinuarse.
Amarra el cinturón, perfora la vena con la aguja, presiona con
suavidad, la inyección bombea la sustancia, la droga ingresa en el
organismo, se retira lentamente la aguja, un tibio hilo de sangre
brota por el brazo.
Al instante el adicto siente el vuelo o rush, una
estimulación placentera. Empieza un viaje que puede variar según la
dosis y la persona, pero que muchos describen como bucear en el
fondo del mar. Entre las aguas el cuerpo es leve, peces multicolores
nadan con serenidad, las plantas ondean, el agua es clara y serena.
Se experimenta un estado de desinterés y autosuficiencia sobre la
cotidianidad, se inician estados de semisueños y calma lúcida, se
esfuman los temores, las preocupaciones y se pierde cualquier
urgencia por hacer las cosas.
Pero para producir esta sensación la heroína sube
por las venas, se interna en el torrente sanguíneo, toma control del
corazón y reduce el ritmo cardíaco, contrae las pupilas, reduce la
respiración, llega al cerebro y ocupa los receptores opioides, que
funcionan en el área de la analgesia y los receptores que controlan
el estado anímico. Altera el funcionamiento del sistema
circulatorio, el hígado, los riñones y los pulmones. En el primer
consumo produce nauseas y vómito.
Mientras el organismo asimila la sustancia y
construye defensas para reducir su vulnerabilidad, el adicto se ve
forzado a incrementar, paulatinamente, la dosis para sentir el mismo
placer, iniciando así una travesía sin retorno.
La heroína puede adulterarse con quinina, lactosa,
azúcar, bórax y fármacos depresores del Sistema Nervioso Central,
también es cortada con leche en polvo y almidón. Por eso los
consumidores desconocen la potencia de cada consumo y sus
consecuencias. En los últimos meses cinco jóvenes han muerto en Cali
por sobredosis de heroína y seis han sido hospitalizados con
intoxicaciones severas. Esta droga que era relacionada con las
clases altas y meses atrás se compraba por $ 35.000 en Cali, ahora
se consigue por $ 5.500, incluyendo la jeringa y la aguja. Esto ha
estimulado la masificación del consumo, pero su uso indiscriminado
puede producir sobredosis mortal, aborto espontáneo, oclusión de las
venas, paro respiratorio y enfermedades infecciosas como Sida y
Hepatitis.
Luego de
su consumo reiterado el organismo asimila la sustancia y anhela
requerirla para funcionar con normalidad. El adicto empieza a sentir
ansiedad por consumir, mira rápido y desorbitado, altera su
comportamiento social para conseguir la droga. En su máxima ansiedad
puede disolver la sustancia con cualquier agua que encuentre en el
momento de su desespero, sin ningún cuidado, agua de la llave que
llega con cloro, llovida que se deposita en las ranuras de los
andenes y hasta aguas negras que contienen infecciones y microbios.
El heroinómano en su estado de mayor adicción es proclive de
autosuministrarse múltiples infecciones.
En lo
corrido del año, el Hospital Psiquiátrico ha atendido 598 consultas
por trastornos mentales asociados con el consumo de sustancias
psicoactivas. Los informes permiten comprobar que las consultas van
en aumento y que sólo en octubre se efectuaron 80. La principal
causa es debido al uso de múltiples drogas y sustancias sicoactivas.
Una situación común entre los adictos que dependiendo de los
recursos económicos y la ocasión pueden variar sus consumos entre la
marihuana, el perico, la heroína y las pastas sintéticas. Carlos
Pinzón (nombre reemplazado por solicitud del testimoniante),
un joven universitario, pertenece a esta categoría de consumidores
múltiples y quiso contar su historia:
Relato de un
“drogo”
Permanezco drogado el cien por ciento de mi
tiempo. Mis padres fueron drogadictos. Mi papá consumía heroína, mi
madre perico y ambos mezclaban con alcohol. Mi padre tenía el
organismo jodido. Empecé a verlo desesperado, en cualquier parte se
inyectaba. Empeoró por la abstinencia y estando hospitalizado en la
clínica se desconectó. Mi mamá estaba en la sala de espera cuando le
informaron de su muerte. Cinco años después murió ella.
La heroína que en 1883 descubriera Dreser, un
químico alemán, al aislar un opiáceo con la acetilización del
clorhidrato de morfina, un ingrediente activo del opio, extraído de
la bellota de la amapola, hizo millonaria a la compañía Bayer. Su
venta masiva fue pública, junto con la aspirina y fue medicada para
la tos, la tuberculosis y para combatir la adicción a la morfina,
hasta el momento que los científicos descubrieron que los
morfinómanos sólo habían cambiado su objeto de adicción y que el
consumo reiterado de la heroína era altamente destructivo.
Empecé a
meter por curiosidad marihuana, para saber que sentían ellos cuando
se drogaban. Cuando mi papá me vio flaco se puso muy triste. Luego
consumí perico, cocaína, hongos, éxtasis y heroína. Nunca vas a ver
un heroinómano de cincuenta años, si empieza a chutearte desde los
veinte. Esa droga es full destructiva. Te mata. No soy capaz de oler
marihuana sino no tengo una pepa o un trago, quedo desesperado sin
poder hacer nada. La coca es más suave. Lo que queda del residuo de
la coca es el perico y el desecho del perico es el bazuco.
En un
momento que aumenté mi consumo mis familiares me internaron en el
siquiátrico. Me daban unas pepas fortísimas que me dejaban un
idiota. Cuando las suspendí estaba entumecido, algunas pastillas me
dopaban y no me dejaban ni hablar. El siquiatra dijo que mi adicción
era genética por el consumo de mis padres y cultural por la cercanía
a las drogas en que me crié. Uno empieza a consumir heroína en
cantidades pequeñas, pero cuando menos te das cuenta tienes que
aumentar la cantidad para que tu cuerpo no se sienta enfermo. Los
brazos se los vuelve uno mierda. Eso es doloroso.
Si se abstiene de consumirla, al segundo o tercer
día de su última dosis empieza a sufrir “Síndrome de Abstinencia”.
Es un deseo insoportable por inyectarse la sustancia, el adicto
siente temblor en el cuerpo, un sudor frío, dolor en los músculos y
en los huesos, le inicia diarrea, vómito y no puede conciliar el
sueño. Los dolores pueden durar una semana.
“He experimentado la agonizante enfermedad de la
privación de la droga y el placer del alivio cuando las células
sedientas beben de la aguja. Quizá todo el placer sea alivio”,
escribió William Burroughs en su libro autobiográfico El Almuerzo
Desnudo.
Algunas
pepas me aceleran mucho y tengo que tomarme un relajante muscular
para desacelerarme y unos somníferos, esta mezcla de sustancias se
vuelve una cadena viciosa, un camino sin fin. Un gramo de cocaína
puede durar una noche, es el oro blanco. El perico es cocaína que la
rebajan para que rinda y eso te acelera más, produce mucha energía
en tu cuerpo y hace bombear el corazón al piso. La coca me mantiene
suave. Las dos producen un sentimiento vacano; pero uno empieza a
sentir que necesita meterse otro y otro para poder volver a tener
esa sensación, y si no se vuelve a consumir te da una gran
depresión.
En un
momento tuve que aceptar que estaba esquizofrénico, sufriendo de
psicosis. Veía objetos y personas, creía que podía ver a los
muertos. Terminé en una clínica de reposo.
La Organización Panamericana de la Salud subdivide
los trastornos mentales en nueve etapas: intoxicación aguda, uso
nocivo, síndrome de dependencia, estado de abstinencia, estado de
abstinencia con delirio, trastorno sicótico (alucinaciones,
distorsiones perceptivas), síndrome amnésico (deterioro de la
memoria), trastorno psicótico residual (cambios de la afectividad y
la personalidad), otros trastornos mentales del comportamiento y
trastornos no especificados.
Me
encantan las personas que pueden ser creativas sin consumir drogas,
pero las drogas justifican mi existencia, cada persona tiene un
estilo de vida. Me gusta cantar pero con marihuana, para hacerlo
bien necesito unos buenos chorros y unos pases. Ahora no sé cuánto
puedo soportar sin consumir drogas. Estoy flaco porque estoy
consumiendo mucha cocaína y me quita el hambre. Me considero muy
afortunado por el apoyo de mis seres queridos. Estoy tan pepo que
quiero meterme una pasta porque estoy empezando a hablar enredado y
se me dificulta conectar las ideas.
Según el NIH (organización de Institutos
Nacionales de Salud, por sus siglas en inglés) la metadona,
un medicamento opiáceo sintético opera como sustituto de la heroína
para la recuperación de los adictos. La aloxona es usada para
casos de sobredosis. Las terapias conductuales y cognitivo
conductuales, son empleadas por los CAD, Centros de Atención a
Drogadictos. En la actualidad existe en el Departamento un proyecto
interinstitucional liderado por el Hospital Siquiátrico, para
validar las organizaciones de atención a drogadictos y coordinar
actividades de promoción. Por su parte la Secretaría de Salud
Municipal aún no implementa un programa para la prevención de
sustancias prohibidas.
Una nueva modalidad de adicción se está aplicando
en algunas instituciones educativas de secundaria en Cali. Los
distribuidores contactan líderes estudiantiles, les regalan la droga
y luego de volverlos adictos, les piden que vendan las sustancias a
cambio de obsequiarles su consumo personal o pagarles por la venta.
Mientras tanto, quedan los cuestionamientos sobre una sociedad que
estigmatiza el consumo sin conocer las causas, que con las lógicas
de la vida moderna erosiona la cohesión social y margina sin aplicar
adecuados tratamientos de prevención contra la “full destructiva”. |
|