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La nueva película de Óscar Campo es un híbrido neobarroco, un filme fantástico y una metáfora ambiciosa y delirante de una sociedad enferma y convulsionada. Diálogos con un cineasta de la vanguardia caleña. 

Por: Kevin Alexis García*  

Una mañana Oscar Campo se despertó con su cuerpo cubierto de hematomas y al mirarse al espejo sus labios no se sincronizaron con sus palabras. Alguien parecido a él usaba su nombre en la ciudad como si quisiera reemplazarlo. Era 1991 y un carro bomba estallaba en su vecindario sacudiendo sus ventanas. Había perdido diez kilos y editaba “Un ángel subterráneo”, la historia de un esquizofrénico recluido que escuchaba voces opuestas en su mente.

Casi veinte años después deambula por los pasillos semidesolados de la Universidad del Valle, en los días de estreno de “Yo soy otro”, su ópera prima, el sustrato creativo de aquella época y, sobre todo, de una vida dedicada al cine. Luce un pantalón azul, una camisa roja intensa, unas gafas pequeñas, y recostado sobre una pared pálida como las de su película, se dispone a dialogar con Darío Henao, director de La Palabra y con el editor, quien escribe la presente. 

Uno siente que con la película quisieras hacer una ruptura con la tradición audiovisual de la región...

No creo que esté haciendo una ruptura con el cine del Valle del Cauca, aunque el cine de la región está centrado en la acción narrativa. De pronto sí hay una ruptura frente a ese cine, pero para mí es una continuidad de lo que venía haciendo en el formato  documental, basado en la conciencia de personaje, el documental subjetivo que tuvo un desarrollo muy importante en la década de los ochenta.

”siento que la sociedad actual está militarizada en su pensamiento”

 

¿Qué te motivó a romper con esa imagen saturada de Cali tropical para apostar por una estética  fría?

Esa ruptura  ya la había iniciado con  un trabajo llamado ‘El Proyecto del Diablo’, en el ya no está la Cali tropical, la Cali de la novelas.  Quería trabajar un personaje de  oficina. Hay un sector de la ciudad cada vez más amplio que son los trabajadores modernos ligados a los computadores, a oficinas alumbradas por neón, conectados internacionalmente por redes. Ellos tienen una actuación totalmente distinta al caleño que  aparece en el cine de los setenta y que aún es publicitado institucionalmente. Hay grandes sectores de la población vinculados a las nuevas industrias del computador. Es un tipo de personaje totalmente distinto, tiene otro imaginario, oye otra música, tal vez electrónica y está más ligado a culturas globalizadas.

La vanguardia del “Caliwood”

“Yo soy otro” es una implosión de convergencias y tradiciones artísticas y teóricas. Cercana al collage, al pastiche postmoderno, al híbrido neobarroco, conjuga un trabajo de arte expresionista, personajes surrealistas y documentos de Cali naturalistas que, sin duda, la convertirán en película de culto en los centros de estudio cinematográficos. Es acaso esta película el fruto de un artista adelantado a su época o el producto de un autor delirante que ha plasmado en una extraña criatura, la vanguardia del “Caliwood”.

Óscar Campo recrea el infierno emocional de un hombre  que ha adquirido una extraña enfermedad y, de repente, encuentra por todas partes dobles suyos que se exterminan sin compasión.

¿Podríamos deducir por el personaje central, fascista y reaccionario, que estamos en una sociedad enferma, fascista y reaacionaría?

Estos años me he dedicado mucho a entender el fenómeno del fascismo y  siento que la sociedad actual está militarizada en su pensamiento. La gente en Colombia puede admitir que un gran número de personas sea asesinada. En los bandos de la confrontación, hay mucha alegría por la muerte de los otros, hay mucha legitimidad del genocidio. Moralmente me he preguntado, haciendo guiones, cómo se ha llegado hasta aquí, y qué clase de personajes hacen que esto suceda. Pienso en ese personaje de clase media que se siente inseguro, que siente que su mundo se desmorona, y  trata de alguna forma de adherirse a figuras de autoridad muy fuertes, que terminan legitimando el uso de la fuerza. Creo que eso ha sucedido con la clase media colombiana y sucedió en Argentina, en Chile, sucedió en la Alemania Nazi, en la Italia de Franco. Allí donde ha habido esa clase de gobierno de extrema derecha, ha habido ese personaje de clase media que lo ha venido legitimando. Quise apostarle a una película que fuera más cercana a una tragedia, porque  siento que lo que pasa en este país es una tragedia. 

En la película están presentes las tragedias del conflicto armado...

El conflicto armado no es exterior a nosotros, no es algo que suceda allá en la selva, no es exclusivo del campo de batalla. También sucede en las conciencias, y de alguna manera, esos personajes del conflicto están siempre rondando en el filme, son como ángeles o demonios que están disputándose nuestra mente. La película se centra en ese   hombre disputado por unas fuerzas que los sobrepasan y lo destruyen.  

En “Yo soy otro” Óscar Campo combina la técnica narrativa clásica del personaje que cuenta su historia con la persistente aparición de imágenes, en apariencia, desconectadas del hilo narrativo principal, proponiendo una desafío retórico del lenguaje audiovisual. 

Con el sistema narrativo que propone en la película uno siente la construcción de una metáfora bastante ambiciosa...

En las décadas pasadas estabamos muy interesados en contar las  pequeñas historias, pero esta década nos propone cosas más complejas. Después del 11 de Septiembre el escenario se abrió al todo el mundo, se hizo global. Ya no podemos seguir entendiéndonos desde un pequeño territorio y con unos pocos personajes. Uno siente que lo que sucede ahora, que las pequeñas escenas están determinadas por una escena global más amplia. Veo el conflicto colombiano de la misma manera, como una guerra civil inserta en eso que existió de manera permanente en el curso de nuestra vida, pero que ahora llamamos Imperio, y que se ha hecho evidente desde el 11 de Septiembre. 

Y esa mirada se siente en toda la película... 

Está acotada por una serie de factores que la atraviesan, el 11/09/01, las explosiones, la temática de la enfermedad posibilitada por un virus, una cantidad de elementos que pertenecen a un mundo más amplio, en la disputa entre fascistas y comunistas, de pronto no es la disputa que ha habido en Colombia, pero si pienso que ha reaparecido la polarización a nivel mundial, después del 11 de septiembre.

*Editor de La Palabra 

 

 

 

Página realizada por Kevin García. Diseño inspirado en Culture on the edge. 2007